Casa Alba ocupa una de las dos plantas bajas simétricas de un edificio del Cabañal, el barrio marinero de València. El proyecto se concibe como un díptico junto a Casa Vespre: dos viviendas espejadas que comparten estructura, oficio y materia, y que se distinguen por la luz que cada una recoge a lo largo del día. Alba recibe la mañana; Vespre, el atardecer.
El planteamiento pasaba por respetar lo bueno y limpiar lo demás. Las bóvedas tabicadas y las vigas de madera que sostenían los forjados originales se desnudaron, se restauraron y volvieron a quedar a la vista. El falso techo desaparece donde tiene sentido y se mantiene donde la instalación lo pide, dibujando una cornisa luminosa que acompaña la curvatura de la bóveda.
La planta libera el eje del bajo: un recorrido en enfilada de calle a patio, atravesando salón, cocina-comedor y dormitorio. Las cortinas de lino sustituyen a muchas puertas y permiten que la casa cambie de medida según la hora. La paleta es contenida y cálida: paredes en tonos arena, carpinterías de madera de roble teñida, encimera blanca, suelo continuo claro.
El mobiliario es discreto y bien elegido. El sofá verde oliva del salón, la lámpara de pie de cúpula negra, los pendientes Akari de papel de arroz sobre la mesa de comedor, la cabecera tapizada en lino, las mesillas de travertino. Pocas piezas, todas con oficio detrás. El resto lo hace la luz mediterránea entrando entre las vigas.
Salón · Sofá verde oliva y lámpara de cúpula01 / 07
Cocina · Akari sobre la mesa02 / 07
Eje · Comedor y dormitorio en enfilada03 / 07
Dormitorio · Cabecero de lino, manta cobre04 / 07
Bóveda tabicada · Vigas restauradas05 / 07
Salón · Balconera y carpintería de roble06 / 07
Dormitorio · Mesilla de travertino07 / 07